Fly fishing en Cuatro Soles
El Río Paraná, agua que va al mar, agua grande, brava, hermosa.
El Paraná es un Gran Río, es una de las grandes arterias de la Tierra. Su enorme cuenca cubre una gran parte de América del Sur, abarcando el Sur de Brasil, el Paraguay, el Sur de Bolivia, el Noreste Argentino.
Aguas recolectadas en las alturas de los Andes o en los bañados del Pantanal, aguas de tierra adentro
Este gigantesco río ha modelado el paisaje y tallado al hombre que lo habita a lo largo de sus costas.
A la altura de la ciudad de Corrientes el Paraná tuerce decididamente hacia el Sur, a esa altura tiene un caudal de 15.000 m3 por segundo. La margen izquierda, la correntina está más definida por una barranca baja, mientras que la santafecina está abierta a una extensa red de bañados, lagunas, islas bajas y anegadizas. El Río manda. La vegetación de las islas son pastos altos y arbustos ralos, precarios. No hay tiempo para un árbol, las crecidas periódicas se llevan todo, hasta los ranchos de los habitantes ribereños.
Bramando se viene el agua
del Paraná
creciendo noche y día
sin parar
Ranchada, barranca, tronco
se llevará
con viento y aguacero
el Paraná
………….
El agua vino bramando
pobre quedé
ni rancho ni cobija
he de tener
No me han de sacar del pago
donde nací
peleando a la corriente
he de vivir
El cielo ya está limpiando
vuela el chajá
calandrias y crestudos
cantan ya
Así ha de llegar día
en que volveré
a levantar mi rancho
en Santa Fe
Canta el isleño santafecino con palabras de Isaac Aizemberg
Y en los bordes más altos habrá un sauce o un timbó, tan obcecados, tenaces y enamorados del Gran Río como el hombre que vuelve después de la crecida al pago de donde el río lo ha echado, a hacer de nuevo el rancho, porque si, porque es lugar de hombres.
Yo nací en su cuenca y ahí aprendí a pescar. Mis viejos tenían con los tíos un campo en Salto, Provincia de Buenos Aires y ahí íbamos todos lo veranos, cuando yo era pibe. Y en Salto hay un río, un curso lento y perezoso de aguas tibias y amarronadas. Ahí yo pesque, no sé a los 10 o 12 años mi primer dorado. Ay!
Iba al pueblo a verlo a Gabella, que tenía un bolichito con anzuelos y boyas, para que me llevara a pescar, adonde él sabía. Y él me llevaba, un hombre 30 años más grande que yo, buen pescador.
En esa época usábamos una caña tacuara, de 3 a 3,5 metros de largo y una tanza del 0,50 del mismo largo. Vadeábamos el río en vaqueros y alpargatas y con esa caña cubríamos toda el agua, mientras caminábamos río abajo. Pescábamos con carnada e intentábamos arrastrarla sobre el fondo. Para eso usábamos una boya grande que se bancara la carnada y un plomo liviano. Cada tanto subíamos o bajábamos la boya según fuera la profundidad del río.
Colgando del cinturón llevábamos una bolsa de arpillera a donde guardábamos los dorados para que se mantuvieran vivos y frescos durante el calor del día. Así hacía Hemingway, me enteré más tarde leyendo Two Heartred Rivers. Y como él cuenta con sus grasshopers nosotros hacíamos con los amarillitos o ranas que usábamos de carnada. Llegábamos al amanecer y dedicábamos esa primera hora fría de la mañana a cazar ranas y pescar un par de bagres amarillos antes de que el calor los empujara a sus agujeros en el barro.
Los pescadores nos parecemos, no importa donde hayamos nacido o la lengua que hablemos. Hemingway arrastraba también una bolsa con truchas en el agua y hace siglos un japonés pescaba igual pero con una caña de bamboo, que después, de a poco como casi todo lo que ocurre en la vida, se hizo Tenkara.
Pero mi primer encuentro con el Río Grande fue en 1976. Yo estaba recién recibido de ingeniero y trabajaba en Yaciretá, una gigantesca represa. Me mandaron a relevar la superficie del río durante una crecida y ahí fui y me pasé una semana sobre un bote de madera recorriéndolo.
El Paraná.
Poco al norte de Santa Fe hay un pueblo, San Javier y unos pocos kilómetros al norte está Cuatro Soles Lodge, sobre el río San Javier, el brazo más occidental de los tantos que a esa altura tiene el Paraná, y que conecta el Lodge con ese enjambre de islas bajas, bañados y lagunas del que antes hablara.
Timbó, laurel, curupí,
lindos ceibales en flor,
pago de indio mocobí;
San Javier donde nací;
no hay otra tierra mejor.
Canta Julio Migno, el poeta del pueblo.
El Lodge está siendo construido sobre el viejo casco de la estancia Irupé, y es el lugar ideal para alojarse e iniciar desde allí el día de pesca. El pez? Dorado, el Tigre del Río.
Allá fuimos con Raúl (San Martín), mi hermanita Vechu y Coco a pescar y filmar. Raúl es amigo de hace ya muchos años y el decano de los guías argentinos, él no quiere que se sepa mucho pero ya van para 50 años que guía! Vechu es directora de cine y amante de la naturaleza así que mientras nosotros pescábamos ella y Coco filmaban y fotografiaban peces y aves.
Los bañados están literalmente vivos, miles de aves y pájaros habitan estas tierras bajas y anegadizas. Flamencos, chajás, garzas, patos, teros … crean un fondo rítmico, sobre el que trazan sus melodías calandrias, cardenales, choros, horneros … En este lugar la cámara de fotos es el compañero ideal del viaje de pesca.
El Dorado es un pez fuerte, acrobático, luchador, hermoso. Sabes que lo tienes desde el momento mismo del pique … tuc!! … un mordisco brutal y decidido. Sus fuertes mandíbulas con dientes pequeños y afilados hacen necesaria la utilización de un corto tippet de acero, al extremo de un leader de un metro y medio del 0,40.
Es posible usar diámetros inferiores pero el dorado es un pez fuerte y a menudo clavas uno grande. Hay una tendencia en muchos pescadores a usar tippets delgados de baja resistencia, interpretando así que la pesca se vuelva más deportiva. No discuto si esto es así o no. Solo aporto otra mirada. Yo creo que un buen pescador no puede perder un pez ni tampoco matarlo. Y esto ocurre a menudo cuando el tippet es delgado. O bien el pez se va con la mosca en su boca, lo que no es bueno, o conseguimos sacarlo del río exhausto y ya con pocas capacidades de sobrevivir. Hay que sacar el pez del agua y hacerlo tan rápido como se pueda para devolverlo con su vitalidad alta al río.
Por otra parte el leader tiene la importante función de dar vuelta la mosca, que en este caso es grande y con tippet pesado y duro de acero. Un leader adecuado te ayuda en el casting, es decir en la pesca.
La mosca es parte de este balance. A medida que la mosca es más chica el casting se hace más y más simple, y al final del día esto se siente. Yo percibo esto incluso en la caña, a mi me gustan las cañas de acción lenta en dónde el casting es también más lento. El casting te lleva a un ritmo y a mi me gusta ese ritmo un poco más lento. Me gusta poder olvidarme de que pesco, dejar de pensar de a ratos, sentirme parte del ambiente.
Durante los meses más fríos de final del invierno y primavera temprana se utilizan líneas hundidas, pero a medida que la temperatura del agua aumenta el dorado se vuelve más activo y es común verlo cazando en superficie, entonces lo mejor es cambiar a una línea de flote. La caña debe ser una 6, 7 u 8 dependiendo sobre todo de la capacidad del lanzador para manejar las grandes moscas.
Ver los dorados cazando es algo sorprendente. El agua se pone nerviosa y las mojarras, las morenas o las bogas huyen despavoridas. En esos momentos se puede probar con una mosca grande seca, un ratón o una rana. Yo todavía no he tenido éxito pero los he visto tomar un ratón de un amigo. Splash!
La primera pregunta que uno se hace cuando se enfrenta por primera vez a los esteros y lagunas de la zona es donde pescar esa enorme cantidad de agua. Y rápidamente uno descubre las diferencias y los ámbitos. Canales de corriente rápida serpenteando entre las lagunas, arroyos definidos por el camalotal, como el Laurel o el Tejas, que a su vez desembocan en lagunas amplias y quietas, desagües de agua negra, como se llama localmente al agua más limpia que lentamente desagota las lagunas. En fin un amplio espacio de aguas diferentes para satisfacer las más variadas expectativas.
Al releer lo escrito tengo la impresión de no haber podido transmitir la experiencia adecuadamente. Es una experiencia que va mucho más allá de la pesca. Pescar en este inmenso ambiente dominado por el Gran Río, lleno de vida, de sol, de pájaros, es un viaje a algo nuevo, distinto. Y cuando te cruzás con los hombres del Río o con los gauchos que cuidan las vacas no te sorprende encontrar en ellos su marca, su fortaleza.
Yo, al volver de allí, también me siento más rico, más fuerte y mejor pescador, ja! Pesqué unos cuantos Tigres!
peleando a la corriente
he de vivir
Canta el hombre del Paraná, y yo me pregunto si es que acaso hay otra forma de vivir?
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Claudio Oliveira
O conmigo
Alfredo Zubiri es argentino y pesca con mosca desde hace 34 años. Es además el concesionario de Lago Verde Wilderness Resort en el Parque Nacional Los Alerces.